El fantasma del violinista Erasmo Capilla

El domingo desperté a las cinco de la mañana. Por primera vez en 15 días había dormido cuatro horas de un tirón y luego hora y media. En total cinco horas y media. Un récord. A las ocho ya estaba en la cancha de básquet del Gimnasio Universitario. El sábado también fui al basquet. El teco Abelardo, mi contador, un metro 85, 100 kilos de peso, ex campeón nacional de tae kwon do, me derrotó tres de cinco partidos. Jugamos uno contra uno en la Normal. El viernes anterior había sido un día agitado: tras una noche con sólo tres horas de sueño fui a la Editorial, terminé de escribir mi conferencia sobre Henry Miller en inglés (me ayudó Nadia, mi compañera de oficina), fui a la Facultad de Letras Inglesas y dicté la conferencia (una evaluación de la charla aparece en una entrada anterior a ésta). Estuve luego en la oficina de Hacienda con el Teco tratando de arreglar lo de mi devolución de impuestos. La gestión no progresó. Almorcé en La Sopa. A las seis dicté mi clase de Lectura y Redacción en la Facultad de Danza... Pero decía que el domingo me levanté a las cinco de la mañana y fui al viejo Gimnasio Universitario donde jugamos dos contra dos. Quedé agotado pero contento. Luego, caminando por Clavijero, fui a tomar un atole en el mercado y allí me encontré con mi amigo Sabino y hablamos sobre Erasmo Capilla, el violinista recién fallecido por amor a Xalapa y desidia de las autoridades culturales. "No sé si Erasmo se dio un tiro en el pecho como dicen. Lo que sí sé es que se estaba suicidando lentamente con tanta bebida. Cada vez que lo veía estaba peor: no se afeitaba, vestía cualquier cosa, tenía la mirada extraviada y un aliento espantoso. Yo era muy amigo de él y me dijo una vez con enorme amargura que él había comprometido su crédito en Europa e invitado a grandes solistas, y que a la hora de pagar, las autoridades se retractaron y él quedó con toda la deuda y con su prestigio manchado en el viejo mundo". Eso lo acabó, dijo Sabino. E incluso me dijo el nombre de la persona que había bloqueado todos sus proyectos. No voy a repetir ese nombre porque a mí no me consta nada. Lo que sí tengo que decir es que la comunidad musical de Xalapa se ha portado cobardemente al no apoyar a Erasmo, al no protestar por su situación, al no apoyarlo.¿Cómo es posible que si en una ciudad se tiene un virtuoso de la talla de Erasmo Capilla no se le invitara a ser solista de la Sinfónica por lo menos dos veces al año? Lo invitaron una vez en cinco años. Yo lo escuché. Quedé extático. Manejaba su Guarnerio con una facilidad increíble. No erraba una sola nota, no tenía altibajos, era casi perfecto. ¿Por qué, si teníamos un tesoro semejante en Xalapa no lo disfrutamos? Aquí la resposabilidad va de abajo hasta mero arriba. Vendrán los homenajes, las historias, se tejerán rumores, la verdad quedará enredada en las patas de los chismes... Y los responsables de este desafuero de lesa espiritualidad seguirán aumentando su globoterráquea humanidad.

Marco Tulio Aguilera