Erasmo Capilla ha muerto

La muerte misteriosa del violinista Erasmo Capilla

Erasmo Capilla es el mejor violinista que he escuchado y quizás escucharé en mi vida. Ya no volveré a escucharlo. Hace algunos días El Diario de Xalapa informó en una nota escueta de su muerte. No se dieron detalles. Erasmo era un hombre joven. No creo que llegara a los cincuenta y prácticamente tenía el mundo a sus pies. Era un virtuoso del violín de esos que hacen pensar que nacieron con el don, que era poseído por algún dáimon en los momentos de la interpretación y que el instrumento era una prolongación de su cuerpo. Una nota reciente escrita por su gran amigo Vásquez Pacheco afirma que Erasmo murió a causa de su amor a la ciudad de Xalapa, a la que quería convertir en centro musical del mundo; que murió de frustración, porque siendo el más grande virtuoso de México se le vetó como solista y director en la Orquesta Sinfónica de Xalapa (¡Misterio! Murió el más grande y no hubo ceremonias, discursos, desplegados de prensa. ¿Alguien quería liquidar pronto el asunto y olvidar culpas?). ¿Cómo murió? Según parece ni su mejor amigo lo sabe. Que cayó en una depresión severa eso sí lo sabían muchas personas del medio. Se dio a beber sin medida. Según dicen tras organizar el año pasado el Festival Erasmo Capilla el mismo Erasmo quiso volver a organizarlo este año con mayor proyección, invitando a figuras de primerísimo nivel. Comprometió su palabra y su economía invitando a X y a Y. Y cuando fue a buscar ayuda de quienes se la habían prometido, no la consiguió. ¿Resultado? La acumulación de deudas impagables. El misterio de la muerte de Erasmo Capilla no perdurará. Alguien va a hablar. Ya comienzan a levantarse los murmullos. Dicen que se dio un tiro en el corazón tras beber ininterrumpidamente durante varios días. Dicen que hubo una persona en particular que le bloqueó todos los proyectos a Capilla. Se menciona un nombre que no voy a repetir porque a mí no me consta. Lo que sí me queda claro es el hecho de que el gremio de los músicos, en particular de la Sinfónica, se ha portado de manera sospechosa, yo diría cobarde: ¿por qué permitieron que se ninguneara a Capilla durante tantos años? ¿Por qué si tenían un tesoro nacional al alcance de la mano prefirieron traer solistas extranjeros y sólo una vez, ¡una vez!, le permitieron a Capilla mostrar su talento?
Sólo una vez hablé con Erasmo Capilla. Decir que era un hombre sencillo era decir poco. Si no fuera por la mirada iluminada propia de los genios y por alguna frase que salía de su boca directa al corazón del sentido de la vida, diría uno que estaba ante un hombre convencional, incluso apocado en ocasiones. Tampoco su apostura era impresionante: breve de cuerpo, frágil, facciones teñidas por la expresión trágica y torturada de los grandes hombres que deben lavar los platos. Ahora que ya no está en Xalapa uno se dice de forma risible y convencional: si pasó a mi lado ese esplendor de hombre, ese lujo de la naturaleza, ay, como no supe valorarlo. No me queda duda de que la dizque “Atenas Veracruzana” le quedó chiquita a ese gran hombre. Ahora vendrán los ridículos homenajes y los golpes de pecho. No dudo que al frente de esos homenajes ponga el pecho la persona que bloqueó todos sus proyectos. Las estatuas invariablemente terminan cagadas por los pájaros. Es cuando desaparece un grande como Erasmo Capilla cuando uno se dice: esto no debe terminar aquí. Erasmo Capilla tiene que seguir tocando su Guarnerio. Sería un desperdicio que ni Dios mismo se podría personar cortar de tajo su carrera.

Marco Tulio Aguilera