¡Otro año sin el Nóbel!

¡Es el colmo!

Iba pasando Mistercolombias --muchos dirán: "Ese MT no tiene pudor alguno: eso de llamarse a sí mismo Mistercolombias demuestra que sufre de narcisismo, egolatría, autoaprecio..., perniciosos los tres".
Y no tanto. Voy a explicar el origen del apodo Mistercolombias, que no es autoimpuesto, sino resultado del ingenio de mis compañeros del básquet, que sin duda saben caracterizar bien a sus amistades deportivas. Quiero recordar algunos de los apodos de mis amigos del básquet: El Bogart, La Amenaza Cachetona, El Doctor Cerebro, Brozo El Payaso Tenebroso, La Amenaza Pelona (que antes era muy amistoso conmigo y ahora se muestra muy agresivo, al punto que ya me amenazó con darme un santo madrazo que me va a dejar desmayado en el piso por horas... Ay, qué miedo, soy manco de los dos brazos, ya no voy a regresar a la cancha, me voy a esconder, buuu...
Entonces decía que iba pasando Mistercolombias frente al escritorio de Nina Crangle --mi ex alumna-brillante y ahora mi compañera de trabajo-- cuando escuché su melodiosa (melo odiosa) voz que decía:
-- Máister Garramuño, ¡otro año sin el Nóbel! --se refería, claro, a que se lo acababan de dar a Le Clezio.
Luego Nina hizo unos cuantos pases toreros para demostrar que sus palabras ni encerraban ni liberaban ironía, burla, irrespeto o banal y burda admiración. Lo suyo era apenas una observación marginal, sin ánimo de incordiar. Eso afirmó. Y naturalmente no le creí.
Aunque no lo crean mis cuatro lectores --Liriam en Bogotá, una señora de la Habana y otros dos no sé dónde-- ya me han ofrecido el Nóbel por lo menos diez veces. El problema es que no me lo ofrecen los señores de la Academia sueca, sino algunos amigos bastante inocentes y no del todo iletrados, que creen que entre un premio nacional en México o en Colombia y el Nóbel no hay más que una pequeña aduana.
Que yo sepa, por esas frías tierras llenas de fiordos y güeras altas y frondosas, allá entre pingüinos y focas que le aplauden al rey Gustavo, no se han traducido sino mis cuentos infantiles. Y no en Suecia sino en Holanda.
Reitero que no me interesa el Nóbel. Prefiero seguir jugando básquet todas las tardes --mientras no llueva, pues los partidos son a cielo abierto en la cancha de la Unidad Magisterial-- con mis apodícticos amigos (aclaro: "apodíctico" es el personaje adicto a poner apodos). Prefiero eso a tener una legión de periodistas, una horda de chicas de Playboy queriendo action y bisnes, un batallón de estudiantes de literatura, una multitud de lectores, una legión de detractores y enemigos (ya tengo varios enemigos: uno particularmente deschavetado que muy pronto va a estar en la cárcel: mi gran y fiel amigo de impronunciable nombre me ha prometido que lo va a hacer encanecer antes de una semana...So help me God! Tras el enemigo --bien pensados todos los enemigos son grandes amigos: esto no es un apotegma ni una frase célebre sino un hecho comprobable-- están los mejores perros de presa del Estado...¡Huye, villano, que te espera el infierno!... Si es que no estás viviendo ya en el averno con tu odio irracional, que te debe tener el hígado convertido en una coladera. Recuerda que quien cava la tumba para su enemigo, también está cavando su propia tumba).
Sorry por la digresión, que no por la disgresión, analfabestias amigos: estábamos hablando del Nóbel que, por lo menos este año, se va a quedar sin mi estilita persona.
Tarea: Investigar quién fue Simeón El Estilita.

Marco Tulio Aguilera