EL GOCE AMOROSO

MT: el goce amoroso
Eusebio Ruvalcaba
Artículo publicado en El Financiero, México 18 de febrero 2009

1) No sé con exactitud su fecha y lugar de nacimiento. Y no hace mucha falta saberlo cuando se está delante de él. Su nombre es Marco Tulio Aguilera Garramuño, y su acento colombiano lo delata. Le calculo la edad y más o menos hemos de tener los mismos años de mirar la luna por las noches.
2) Radica en Xalapa, donde constantemente recibe reconocimientos a su obra, abundante y honda, decantada y de prosa juguetona. Esposo y padre, la mayor parte del tiempo lo pasa escribiendo. Es inagotable. De su cabeza —¿debí haber escrito de su imaginación?— surgen, escurren proyectos tras proyectos, la mayoría de los cuales terminan por verse convertidos en libros.
3) Marco Tulio Aguilera Garramuño (MT) es escritor de lectores. Y no fantasmas sino de carne y hueso. Su temática, su modo de contar, sus argumentos son atrayentes. No es autor de los que suele imaginarse cómo sería su vida si la gente lo leyera. Nadie más lejos de la masturbación intelectual que MT. Porque su literatura genera comentarios, polémica, freaks que están ahí, a la espera de la próxima novedad.
4) Que es difícil seguirle el paso es cierto. Porque constantemente su trabajo ve la luz. Quién sabe hasta qué punto MT se ve impulsado por sus lectores en Xalapa, por el ambiente literario que priva en esa ciudad culta, por la crítica que con toda seguridad se ocupa de él. Desconozco si en este caso exista una retroalimentación, una interacción con la cúpula y la base de la pirámide literaria de Veracruz en general y de su capital en particular.
5) MT es observador. Deposita su mirada aun en los detalles más irrelevantes. En persona y en su trabajo. Recuerdo que en su irreverente novela La pequeña maestra de violín, hay guiños que van dirigidos de un escritor goloso a un lector ídem. Ésta es una novela que yo recomiendo a los que están interesados en entrarle a la curvatura de una historia, o a las perversiones que acompañan al arte del sonido, porque a lo largo de su desarrollo queda la sensación de que se ha viajado por barco, de que se ha navegado, y de que todos los acontecimientos poseen una lógica indestructible, como lo es la vida misma.
6) Marco Tulio Aguilera Garramuño no bebe, o a lo más un par de tragos. Porque no le gusta bajar la guardia. Está alerta todo el tiempo. Es amable y desparpajado pero su mirada revela al hombre cuyo cerebro no descansa. Y esta tensión caracteriza a sus personajes protagónicos. Por ejemplo, en su novela Mujeres amadas los personajes están construidos en el puente de una tensión dramática que va de un extremo a otro, pero que no se permiten flaquear, ambigüedad equívoca para unos lectores, feliz para otros, los más maliciosos.
7) Para MT cualquier línea es un desafío, pero más aún cuando se trata de un cuento, en que todo —y todo es todo— habrá de quedar amarrado. Porque su literatura no proviene del pupitre académico sino de la vida misma. Como en sus Cuentos para antes de hacer el amor, uno de sus libros que figuran entre mis favoritos. Todo en ese volumen parece estar dirigido al goce amoroso. Personajes cortados con las tijeras del deseo, historias armadas a golpes del cincel de la carne, situaciones narrativas que empujan al lector al conocimiento de sí mismo, a hurgar en su inconsciente erótico, a establecer su perímetro sexual, y decir de aquí no paso, o bien cómo me he perdido de explotar mi cuerpo.
8) Encuentro en la literatura de MT aliento y lecciones, motivos para el amor y el trago. Me gustan sus personajes, de sobra agudos, punzantes la mayoría. Y celebro que de pronto lo publiquen editoriales mexicanas casi en forma marginal. Eso habla bien de él. Que no sea firma exclusiva de nadie.
9) MT es escritor a prueba de fuego, y si algo se le puede objetar a su visión de las cosas es la obsesión por García Márquez, por compararse con él. Cada quien en lo suyo. Yo no admiro a García Márquez, pero lo he leído y sé que su universo literario y el de Marco Tulio Aguilera Garramuño son absolutamente distintos, cada uno con un valor diferente. Lo que sí sé es que las comparaciones son desgastantes. Mejor contribuir a la articulación de la literatura con la vida. Dice Stefan Zweig en su artículo sobre Bruno Walter, a propósito de que salía perdiendo cuando se le comparaba con Gustav Mahler: “Ojalá que nuestro tiempo aprenda el secreto de resolver los contrastes por medio del esfuerzo justo, y de solucionar todas las disputas, de poner término a todas las disonancias por medio de la armonía humanamente dichosa”.

Marco Tulio Aguilera