¡SORPRESA! Y FIESTA


SE NOS VA LA GRAN ESPERANZA BLANCA
Y FIESTA EN LA MANSIÓN DE MISTERCOLOMBIAS

La vida no deja de sorprendernos: cuando más contentos estábamos en la Editorial de la Universidad Veracruzana con nuestro nuevo jefe, el prestigioso y amable editor Joaquín Díez-Canedo, se nos va. El presidente de la república lo nombró director en el Fondo de Cultura Económica. ¿Qué irá a pasar con nuestra Feria del Libro, con los planes editoriales, con la estructura de distribución, con los agresivos planes de difusión y prensa? ¿Este renacer que veíamos venir se irá a pique? ¿Quién va a llegar y cuánto tiempo durará en la dirección de la Editorial? ¿Un intelectualillo municipal o un grillo de la cultura del DF? ¿Un buen administrador o un mal funcionario?
Le escribí al rector para comentarle las amenazas que veía cernirse sobre la editorial: ya sea un editor municipal o un mafiosillo de la cultura. No es remoto que la Editorial, que se veía tan boyante en medio de la crisis generalizada de la cultura, comience a decaer.
Un editor con vuelo internacional como Díez-Canedo podría haber proyectado los libros de la editorial al mundo, haber hecho contratos internacionales, buscado traducciones, podría haber hecho prosperar a sus autores y a la editorial. Un editor provinciano perpetuaría el carácter municipal --ni siquiera nacional-- de la editorial de la Universidad Veracruzana y caeríamos en el marasmo de publicar libros para guardarlos en la bodega y glorificar a algunos personajillos deleznables.
Joaquín Díez-Canedo estuvo en la mansión Garrapata durante la celebración de mi cumpleaños el sábado pasado: no soltó prenda de su próxima salida tres días después. Tal vez la designación como director del Fondo le cayó de sorpresa. Me consta que estaba contento en el ambiente semi bucólico de Xalapa. Ahora regresará al smog del DF y a las comilonas con los autores. No lo envidio.
Y cambiando de tema: Fiesta de cumpleaños de MT
Bebimos tequila de Puebla, ron cubano, whisky Johnnie Walker, cerveza, comimos espaguetis al ajo preparados por mi dueña, pollo empanizado cocinado por doña Paula, ensalada improvisada por MT. (Hubo pastel y gelatinas pero nos olvidamos sacarlos del refri). Asistieron mi querido amigo Armando Pinto, director de la revista Crítica de Puebla, el bien entonado Silverio y el Marqués de Saint Germain, mi ex jefe Díez-Canedo, muy sonriente y tranquilo, quizás inconsciente del destino trágico que le esperaba. Los Salvajes del Norte amenizarion el evento y cantaron a instancias de don Garrapata, ¡tres veces! El himno del borracho I, también La puerta negra, La que se fue y otras canciones de José Alfredo Jiménez. El rector estaba invitado pero no pudo asistir porque estaba fuera de la ciudad. No tuve corazón para aplazar en su honor la fiesta. Sergio Pitol se disculpó arguyendo que tenía que ir a Puebla a seguir con su tratamiento --lo que no era una disculpa ocasional, como pude comprobarlo-- pero agradeció con palabras muy amables la invitación.
Después continuaré.
Ya regresé. En la Editorial, que ha visto pasar a muchos directores en pocos años comenzamos a barajar nombres de forma irónica, humorística, defensiva, preocupada, irresponsable: en primer término Miguelito, nuestro Bartleby, que un día llegó desorientado y se quedó para siempre engordando comio un pavo, haciendo mandados y lanzando gritos de júbilo cuando ganaba el equipo de las Chivas Rayadas; Angelito Fernández, tan ceremonioso y convencido de su alto papel en el mundo; Bullé Goyri, que está monopolizando todas las publicaciones universitarias; Silverio, que canta cada mañana rancheras y norteñas acompañado por el desafinante mister Garrapata; el mismo Mister Garrapata, que ya se siente en Estocolmo; Magdalena, para que ejerza el poder fuera de su casa; el conde de Saint Germain, quien le pondrá música de fondo a todos sus actos. ¿Qué tal Félix Baez Jorge o Velasco Toro? O mejor: que llegue Juan Villoro, para que nos proyecte con sus amigos de España. Candidatos hay muchos, pero pocos estrán contentos con la perspectiva de permanecer en el puesto apenas seis meses. Como el calentamiento amenaza con defenestrar el bello planeta, ya no podemos decir "amanecera y veremos", sino "¿amanecerá?" y "¿veremos?"

Marco Tulio Aguilera

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