MENSAJE PARA EL GRAN JEFE Y NOTICIAS DE MARCO TULIO


NOTICIAS DE LOS TALLERES DE NOVELA, DEL PRÓXIMO VIAJE A MEDELLÍN Y DE MI NUEVO CONTADOR DE VISITAS

EN LA FOTO MT, DESPUES DE PERDER SU CABELLERA EN TRES ASALTOS FRENTE AL LUCHADOR SUPERPORKY
Historia de todas las cosas está en manos del Gran Jefe, ahora al frente de LA editorial grande de México. Esto no quiere decir que mi novela gorda vaya a ser publicada allá ni que vaya a ser publicada pronto. Conjeturo el tráfico intenso de manuscritos de genios incomprendidos que debe de haber a las puetas de su oficina. Espero que mi mamotreto haya caído en manos de buenos lectores. Un lector ideal sería Eraclio Zepeda. La novela es demasiado desaforada para un lector académico o convencional. Es una novela que une los dos grandes hitos de la novelística en castellano: El Quijote y Cien años de soledad. La obra recoge los recursos de la metaficción, de la autoreferencia, está llena de personajes desaforados, es una especie de fiesta de fuegos artificiales y una especie de circo, vapulea el castellano hasta el delirio, recurre a deformaciones del latín, el italiano, el francés y todos los idiomas que conozco, inventa palabras y citas en latín tergiversado, crea modismos, recurre a "tiquismos", mexicanismos, colombianismos, utiliza las lenguas indígenas mexicanas y todos los ismos posibles (como diría Cortázar). Pero no es una novela pesada sino ligera, divertida, gozosa. Eso digo yo. No niega el realismo mágico sino que se burla de él respetuosamente y a veces llega más allá, creando algo como una magia realista burlesca: en realidad no sucede ni un sólo milagro o maravilla, pero los personajes viven en una permanente exaltación de la imaginación. Es una obra gargantuapantagruelesca y de alguna manera joyceana. Es una obra llena de locos y locuras, de desadaptados y genios, de putas y santas y músicos famosos y tontos, gordos, gigantones, poetas, vagos, escritores, gringos, judíos, jóvenes desorientados lectores de Dostoyevski y Madame Blavatsky, Maimónides y Platón. Hay una especie de Cide Hamete Benengel y hay merolicos, incluso el narrador es el más grande merolico y embustero, que nos quiere hacer tragar no sólo ruedas de molino sino molinos enteros. Los que han leído mi Historia de todas las cosas: el Gran Jefe, Liriam Marulanda, Félix Luis Viera, Armando Pinto, mi compañero de oficina Silverio, se han divertido y ninguno se ha quejado de la extensión: tiene 580 páginas.
En fin: la novela está dentro de una gorda botella en el mar de las editoriales (España, Italia, Colombia, México, Costa Rica). Espero tener más vida que tiempo para verla bien publicada. Tengo una paciencia estilita. Si algún nombre se le podría aplicar a Mistercolombias sería Sofrosinio. Adelante de esta novela están varios libros: dos al borde de la publicación: Maelstrom. El agujero negro y El imperio de las mujeres. Cuentos EN LUGAR de hacer el amor (no sé por qué me entró la gana de publicar mis libros con títulos dobles). Otra novela, Agua clara en el Alto Amazonas, sigue buscando su editor.
A otra cosa: los dos talleres de novela que estoy coordinando siguen viento en popa. El que tengo en la editorial --ahora desplazado a Enseñanza Abierta-- tiene un ambiente excelente, con gente muy agradable y talentosa: Adei está escribiendo una novela policiaca que nos tiene en vilo; Maggie nos entrega un capítulo semanal en el que pinta una sociedad juvenil actual muy ingeniosa, tirando a rosa pero con una ironía sutil que crece semana a semana; Calderón Vivar está buscando con seriedad su voz; Lety y Cecilia van ganando en atrevimiento y esperamos revelaciones; Marsel escucha con apasionamiento y afila su talento. En el otro taller José Negrete, hombre que parece haber vivido todo y leído casi todo, nos está introduciendo gradualmente en el mundo de la inteligencia artificial; Croda sigue un proceso semejante a Calderón Vivar: está buscando su voz; José Morteo va entregando una novela que boga entre las temáticas y los estilos de Mutis y Conrad; Elisa apenas se está asomando.
Disfruto de los dos talleres y me siento como en una habitación en la que hay muchas ventanas, y a través de cada una veo un mundo diferente. Tengo en mis manos una novela de Adei que se desarrolla en Bizancio. Extraordinariamente bien documentada. Allí aparecen Justiniano, el general Belisario y un mundo lejando en el tiempo pero revivido por Adei con pasmosa sabiduría. El autor parece saberlo todo sobre ese tiempo en el que Bizancio era el centro del mundo.
Los 21 lectores de mi blog notarán que en la esquina superior izquierda aparece una especie de globo. Es el contador de visitas. Paulina --recientemente adjuntada al taller I-- me lo instaló. Durante muchos meses mi anterior contador se detuvo y yo no sabía si estaba solo en el mundo. Hoy sé que hay personas que me acompañan y visitan por lo menos una vez a la semana; sé de qué países me visitan (mayoritariamente de México, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos y España... aunque también de Angola, Alemania, Suecia); conozco quién me visita y puedo a mi vez visitarlos. Finalmente: en septiembre estaré en Medellín en una visita relámpago para asistir a un evento que organiza la Alcaldía. El evento se llama Fiesta de las Letras. También estaré en la que era la casa del filósofo de Envigado, Fernando González (corporación Otraparte) y haré un taller a distancia con escritores de Medellín por medio de un programa informático que se llama Skype. El taller espero clausurarlo en un evento en vivo. Seguiremos informando.

Marco Tulio Aguilera