Regreso al pasado. Mi querido diario

Historia de todas las cosas en Trama Editorial (Blanca de Navarra, no 9, Madrid)
14 DE AGOSTO DE 2010. Escribo en el vuelo de Mexicana rumbo a Costa Rica. Ayer en el Centro Deportivo Tenexpan en Ixtaczotitlán, estuve desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, bajo un sol de canícula, viendo partir auténticas hordas de nadadores, desde niños de cuatro años con sus tablas, hasta ancianos de más de ochenta, que orgullosos al final de la jornada exhibirían cuatro medallas, una por cada estilo. Yo conseguí, como se puede ver en la anterior entrada de este blog, dos medallas: una de plata (¿de plata?) y otra de oro (¿de oro?); la primera en cincuenta metros libres, con un tiempo de 37 segundos, y la segunda en cincuenta pecho, con un tiempo de un minuto dos centésimas. ¿Mérito? No mucho y no poco. No mucho, porque hubo pocos participantes en mi categoría (de más de sesenta años); no poco, porque le gané una competencia al señor Brothers, segundo en los Juegos Panamericanos del 2000. Y la verdad es que me lancé a la piscina a participar en pecho con pocas posibilidades, pues generalmente no entreno este estilo, pero ya en la piscina me entró una especie de fiebre del oro y comencé a pedalear duro, y a cada brazada decía me decía ¡oro, oro, oro!, con el resultado que le saqué tres segundos al señor Broters y pude colgarme el oro. Quienes me conocen saben que soy un lujurioso de los premios y me los critican –particularmente el rector de la Veracruzana me ha dicho: “No sé por qué esa obsesión por los premios, Marco. Eres un buen escritor… ¿No te basta con eso?”. Pus no, Raúl, soy así desde que me conozco y los que me quieren --que son pocos pero gente respetable—me perdonan este maldito vicio de buscar premios literarios … Al que a partir del año pasado agregué el vicio de las medallas en natación. Ya tengo cuatro. Comencé un poco tarde, pero ni modo. La culpa la tiene una lesión que me alejó del básquet, mi otro gran vicio.Ya con mis dos medallas, en lugar de regresar a Xalapa, decidí quedarme en el Hotel Trueba en Orizaba. Caí dormido a las ocho de la noche. A las cuatro de la mañana estaba en pie y a las cinco manejando mi Polo rumbo a Xalapa. Y hoy martes rumbo a Costa Rica acompañado por L, que desde hace varios años va conmigo como una sombra protectora a todas partes. El año pasado estuvimos en Medellín casi quince días pero no conté bien la experiencia, pues hubo asuntos desagradables en ese viaje que preferí por una vez guardarme. Recibí, eso sí, el afecto de mucha gente y supe que había mucha gente que leía mis libros y que incluso se sabía mis cuentos de memoria.
Lo que soy el día de hoy, bueno, malo y más o menos, productivo, feroz, crítico, vanidoso, voluntarioso, admirador de la belleza, lector voraz, estudioso de todo lo existente, aventurero, soberbio, buena gente, honrado, sincero –eso digo yo, habrá que ver qué opina le gente--, todo lo que soy tuvo su semilla en un pueblo-ciudad de Costa Rica que se llama San Isidro de El General: allí tuve todos mis estrenos, incluyendo uno fundamental en el Bar Tico, leí todo Dostoievski, Miller, las Mil y una Noches, Vargas Vila, recibí clases de Vilma Alfaro de Vega y de don Danilo Salas y de Lindor, allí gané mi primera carrera atlética compitiendo ni más ni menos que contra Rafael Ángel Pérez, allí tuve una existencia silvestre en el río y conocí a las mujeres más bellas del mundo. Allí comencé a escribir y gané m primer concurso con una Biografía de Beethoven: el premio fue escuchar la Novela Sinfonía en el Teatro Nacional de San José (recuerdo que la escuché en el gallinero del Teatro, enfundado en un traje de paño negro grano de pólvora que me regaló el señor Rossi, dueño de la fábrica de fideos en donde trabajé empacando tallarines; recuerdo que mi madre recibió el traje de regalo y le pidió a un sastre que lo redujera para que se ajustara a mi cuerpo de quince flacos años). Y a ese pueblo-ciudad es a donde voy a ir a dar conferencias sobre la novela que escribí hace más de 35 años, una novela en la que yo describía a las lindas putas y al sargento y a las bellas, y al padre Coto y a don Danilo y a la Sietecolores y a la Musoc … Esa novela fue publicada por La Flor en Buenos Aires, tuvo una edición de 25 000 ejemplares en Colombia, le gustó a García Márquez, recibió el Premio Aquileo J. Echeverría, fue declarada novela post moderna y fundadora del post boom, fue criticada, censurada, alabada, acusada de plagio, el título de la obra –Breve historia de todas las cosas-- fue usado por un filósofo norteamericano de apellido Wilbur que según parece ha tenido buen éxito… Y por esa novela es que ahora estoy regresando a San Isidro de El General y a Costa Rica.

Marco Tulio Aguilera

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