Regreso al Prado Bar. Cronica del regreso a San Isidro de El General (último)



Con José Luis Díaz Naranjo en San Isidro
Horas antes había ido al Prado Bar llevado por mi guía José Luis Díaz Naranjo, secretario académico de la Universidad Nacional Autónoma. Sentí que se me salía el corazón al ver que las canchas de básquet habían desaparecido tras una barda, que la impresionante piscina olímpica había sido cambiada por dos pozas para niños, que la barra y el bar seguían igual que hace tantos años, y que sobre todo, ay, el riachuelo de aguas transparentes que pasaba al borde de la pista de baile había sido cubierto por una plancha de cemento. 
El Prado Motel y Centro Deportivo, pista de baile, sitio de reunión de los vagos que fuimos, un autentico paraíso, había perdido su esplendor y ahora era un sitio triste, abandonado, de fiestas equívocas y encuentros oscuros. 
A lo lejos sigue pasando el río donde me bañé de muchacho y donde perdí mis primeros sueldos jugando a la veintiuna y donde tuve alguna aventura galante sin calzones, su agua felizmente sigue siendo limpia (Costa Rica es una país que respeta su naturaleza como ninguno, un país en general tan civilizado que si fumas en los pasillos de un centro comercial te llevan preso y si no usas cinturón de seguridad en el coche te ponen enorme multa y si manejas ebrio te quitan la licencia para siempre… es cierto, también hay dinero malo, muchos inmigrantes han traído dinero producto del narco y hay bodegas de coca y en el San Isidro de mis tiempos no había sino una iglesia, doce prostíbulos, un colegio de monjas y un liceo, el agua limpia corría por caños abiertos a los bordes de las calles, y ahora, hoy, se levanta en el mismo espacio una ciudad con enormes centros comerciales, una gran autopista rumbo al sur, un hotel de cinco estrellas y diez o doce de medio pelo… Es casi inevitable: todo paraíso del mundo está contaminado, San Isidro no podía mantenerse alejado del mundo).


Marco Tulio Aguilera

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