El caso Christopher Domínguez


El caso Christopher Domínguez: El azar permitió que MT tuviera acceso a un artículo del indiciado, ChD, incluido en Confabulario, uno de los últimos reductos de la etcétera cultural mexicana.
MT, sin otro oficio menos ocioso entre manos, leyó el artículo primero a vuelaojo y al darse cuenta que no había entendido mucho o casi nada, procedió a leer el artículo con lápiz judicatorio en mano y halló, lleno de admiración, sorpresa y deleite erudito que ChD había citado a 50 autores, 25 libros, diez o doce sitios famosos, y había usado varios idiomas, dialectos y jergas y lo había hecho con una pluma tan críptica y elegante que habría hecho sonrojar de vergüenza a Borges.
Al final el infausto MT, obnivilado o más bien apendejado, quiso enterarse de qué trataba el artículo, para lo que releyó el primer párrafo y el último y llegó a las siguientes conclusiones:
1. Aparentemente ChD trataba de escribir una reseña, artículo o nota laudatoria a un libro de un desdichado desconocido de nombre Tenorio Trillo.
2. De lo que en verdad trataba el artículo era de la desmedida erudición de CHD y de sus singular conocimiento de varios idiomas, intríngulos políticos y chismes de autoridades tan señeras como los dos filósofos más importantes de España: Ortega, el disléxico, y Grasset, quien más allá de la filosofía wittgenseiniana. también se dedicó a labores editoriales en la Ciudad Luz.
3. Entendió, por fin el ignaro MT, por qué a CHD se le respeta de manera casi reverencial en los círculos culturales mexicanos: nadie entiende lo que quiere decir en sus artículos, pero todos aprecian su genuino aspecto de James Joyce deslactosado, una especie de híbrido de Borges, Heidegger y Heráclito.
¡Cómo no lo van a querer, como no le van a dar todas las becas y cargos! Si hasta incurrió con una fortuna verdaderamente desastrosa en el género mayor, la novela. Y ya se sabe: la mejor forma de triunfar es demostrando que uno tiene debilidades humanas y que, en últimas, es mortal.

Marco Tulio Aguilera

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