Diccionario de personales nimiedades (discurso pronunciado al recibir el Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero)

Dos videos: una entrevista y palabras de aceptación del premio por parte de  Marco T...
Tulio Aguilera

https://www.youtube.com/watch?v=BrCkc4HoMTA

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Palabras pronunciadas por Marco Tulio Aguilera Garramuño el 16 de febrero de 2018 durante la ceremonia del Premio Nacional de Novela José Rubén Romero en el Teatro Ocampo de Morelia

La llegada
Llegué a México en 1976, hace  cuarenta y dos años. Traía 200 dólares en cheques viajeros y dos libros publicados. Tenía 27 años, usaba botas de tacón muy alto y peinado estrafalario. Me negaron trabajo en el TEC de Monterrey, pasé tiempos de miseria en una casa de  asistencia donde compartí un cuarto con diez hombres. Conseguí unas horas de traducción en la Universidad de Nuevo León. Gané tres premios literarios en 1979, me instalé en Xalapa, me casé, tuvimos dos hijos y aquí estamos. Hoy tengo cuarenta libros publicados, 69 años de edad y estoy a punto de jubilarme. El resto de mi historia pueden rastrearla en mis novelas.
Los premios
No voy a decir cuántos premios literarios he recibido ni dónde. El caso es que a la  fecha, a mis juveniles años he recibido bastantes, y que no soy ni rico ni pobre pero por lo  menos nada de lo indispensable me falta a mí o  le falta a mi famila. En el mundo, en el mundito de los escritores, recibir muchos premios no solo crea mala fama sino que en ocasiones termina por matar  la creatividad e incluso por apagar la luz cerebral de los agraciados por premios, honores y veneraciones: demasiadas comilonas, viajes, brindis, terminan por engrosar el volumen ventral, aumentar el colesterol malo y trastornar los ciclos de sueño.
El fracaso
Afortunadamente existe el fracaso que termina por volver humilde al más soberbio. Yo he fracasado en asuntos literarios  90 de cada 100 veces. Mi más memorable fracaso fue en un famoso concurso que ofrecía 175 000 dólares al ganador. Tenía 50% de las posibilidades de ganar los 175 000 dólares pues éramos sólo dos los finalistas. Durante una semana estuve planeando comprarme un apartamento en Boca del Río frente al mar. Y finalmente ganó el otro candidato. Es decir, la otra candidata. Ustedes la conocen muy bien. Me enojé tanto que pregoné que había habido fraude. No tengo pruebas de tal afirmación pero sí indicios de que se violentaron las reglas del concurso.
Fraude
En algún artículo afirmé que en la mayoría de concursos organizados por las empresas trasnacionales terminan por imponerse los criterios comerciales sobre los literarios. Esto es vox populi. En la actualidad ningún escritor bien centrado participa en los concursos de Alfaguara a menos que sea parte de la cuadra de escritores de Alfaguara. Sería tiempo perdido. Ya se sabe que estos concursos son endogámicos: sólo se premia a autores de la casa.
¿Qué hacer?
He sido jurado de bastantes concursos, aproximadamente en unos 50, en general no muy importantes y me consta que en esos concursos no muy importantes o no muy cuantiosos generalmente la honradez es la regla. Para los escritores principiantes ahí está el resquicio por donde pueden colarse: en Colombia el Premio José Eustasio Rivera, en México los concursos organizados por el Instituto de Bellas Artes, la Universidad Veracruzana y otras instituciones generalmente premian obras de desconocidos, que ahí despegan sus carreras.
La vía editorial
Hay el camino largo: mandar los manuscritos a las editoriales. Camino largo, sinuoso y generalmente sin salida. Casi ninguna editorial con la que traté al principio de mi carrera respondió con una carta amable, aunque fuera de rechazo.
Superficialidad
En México y casi todo el mundo hoy se privilegia la superficialidad, la obra sencilla, efectista, con temas de moda. Se deja de lado a los novelistas serios, que trabajan sus obras por décadas y que consideran sus obras como tesis de grado sobre la vida, el amor, la muerte y otros temas fundamentales. Es decir, a los escritores como este hablante. En una sola novela, El juego de las seducciones, tardé 19 años. La novela que está recibiendo el Premio José Rubén Romero tiene cinco años de trabajo. Antes de este premio esta misma novela fracasó en los premios Anagrama, Alfaguara, Planeta y otra media docena. También estuvo sometida a dictamen en siete editoriales y recibió el  siguiente informe de lectura en una casa editorial cuyo nombre no me conviene mencionar: La tensión que  inicialmente propone la narración se diluye a lo largo de la obra a causa de su carácter reiterativo. Los cambios constantes de voz narrativa, siempre enfocada en el protagonista, no se justifican en la estética ni en el discurso de la obra. Atiborrada de lugares comunes en la literatura, esta novela no propone una reformulación de los  mismos sino que regresa a ellos con la ingenuidad y el patetismo propios del escritor principiante; el hilo anecdótico inicial es un ejemplo claro: el escritor atormentado, otrora reconocido, que busca la redención. El texto está plagado de referencias y citas que se manejan de pasada, forzadas dentro de la historia, sin el dominio claro de ellas; hecho que resulta inverosímil si consideramos que, dentro de la anécdota, quien las utiliza es el escritor erudito, genio de las letras.
No recomiendo su publicación pues, a pesar de que la novela cuenta con episodios interesantes en el inicio, la prosa resulta descuidada, extiende una anécdota que queda manifiesta en las primeras diez páginas. El autor se guardó el derecho de la selección.
Pues esta novela, tan vapuleada por un lector anónimo, fue la que premiaron los miembros del jurado del Premio José Rubén Romero: Eduardo Antonio Parra, Juan Manuel Servín y Raúl Mejía, quienes firmaron un acta que decía literalmente: Se otorga por unanimidad el Premio Nacional José Rubén Romero al trabajo Formas de luz porque presenta una propuesta narrativa de gran calidad a contracorriente de las tendencias actuales, se centra en el infierno personal del narrador-protagonista con una profunda visión del ser humano y una ironía descarnada hacia  sí mismo. La novela, además, muestra un eficaz manejo del lenguaje y una estructura novedosa y atractiva.
Una gotita de envidia
¿A quién creerle? Yo, por lo menos, les creo a los miembros del jurado, particularmente a Eduardo Antonio Parra, a quien considero uno de los mejores escritores mexicanos contemporáneos. Al personaje del dictamen descalificatorio lo perdono de todo corazón: debe ser un profesor de Letras con fracasadas ambiciones literarias y un hilito de  ignorancia.
La mezquindad
Llevo 39 años en Xalapa y en la Universidad Veracruzana. En esos 39 años nunca me han invitado a dar una conferencia en la Facultad de Letras aunque sí me han invitado a dictarlas en 30 universidades de Colombia, México, Estados Unidos y España. Durante 30 años escribí más de 100 artículos en la revista La palabra y el hombre, revista emblemática de la institución. Desde que llegó el nuevo director ha proscrito mi nombre y ha vetado artículos sobre mis obras.
La generosidad
La Universidad Veracruzana durante varios años me reconoció como el académico con máximo nivel de productividad. Fundé y dirigí La ciencia y el hombre. Reseñé y clasifiqué más de mil quinientos libros publicados por la Universidad Veracruzana. El archivo consta de más de mil páginas y es el más amplio catálogo histórico que conozco, pues no solo clasifica los libros sino que los reseña brevemente.
Las redes
Tengo una presencia bastante frecuente en las redes sociales, particularmente por medio del Facebook que me permite relacionarme con personas afines en todo el mundo. Ello es un escape del asfixiante mundo provinciano de Xalapa. Los medios de prensa nacionales ya no divulgan los libros que se producen en provincia. Hace poco me comuniqué con Miguel Ángel Quemain, quien tiene un programa en Radio UNAM. La idea era que me ayudara a difundir lo del premio. Me respondió que los premios del INBA ya no son noticia en México. Y es cierto: los premios de Bellas Artes no se difunden sino como boletines. Es cierto: los que no se difunden son los del Instituto de Bellas Artes sino los de Alfaguara y Planeta. Hasta la fecha de las más de cuarenta novelas premiadas con el José Rubén Romero  pocas han ido más allá de la primera edición y algunas ni siquiera se han publicado. Y es que lo de los premios se ha convertido en un asunto burocrático que se repite año tras año y las novelas premiada terminan convertidas en meros títulos de una estadística.
2018
Por fortuna en este 2018 hubo dos instituciones interesadas en hacer una coedición de la novela premiada,  Formas de luz: la Universidad Veracruzana (mi universidad) y el mismo Instituto de Bellas Artes por medio de la Dirección de Literatura, hoy dirigida por Geney Beltrán Félix.  Como cosa curiosa he de decir que ya hay una novela publicada con un nombre muy parecido (Forma de luz)  y una película con título semejante: La forma del agua. Por  ello he decidido cambiarle el nombre a la novela. La llamaré El sentido de la melancolía, que por otra parte fue el primer título que tuvo.
La egolatría
Con alguna frecuencia he sido tildado de ególatra, lo que no me molesta sino que siento me define con certeza. Rindo culto a mi cuerpo, a mi disciplina literaria y a mis gustos. Se podría decir que mucho de lo que escribo es un canto a mí mismo aunque también se podría decir que es un canto al amor, al erotismo, a la imaginación y a veces a los excesos. Puedo decir que me soporto y me quiero aunque haya habido temporadas en que me he odiado y hasta despreciado.
El éxito
He escrito en alguna parte que lo que conviene al escritor es el fracaso. He fracasado, como les dije, con entusiasmo, y ningún fracaso me ha desanimado. Cinco veces participé en el Concurso Juan de la Cabada de Cuento Infantil. En la sexta ocasión lo gané. Siete veces participé en el Concurso Nacional de Cuento San Luis Potosí y en la octava lo gané. Nueve veces participé en el José Rubén Romero y en la décima lo gané.
Anécdota
Lo más particular de un concurso sucedió en Campeche, donde el gobernador me entregó una caja de zapatos llena de billetes de cien. Había participado con un libro que se llamó Las pasiones extrañas, obra que aparece en muchas bibliografías aunque nunca fue publicado.
El amor
No creo que haya amor constante y sostenido en este mundo. El amor se siente por temporadas y a veces se ve matizado por momentos de desprecio, odio o hastío. En este sentido se puede decir que he amado y que estadísticamente a la que más he amado es a mi esposa, que lleva casi 35 años soportándome.
Soledad
Al escritor lo que más le conviene es la soledad y durante toda su vida se la pasa huyendo de sus semejantes para encerrarse consigo mismo y con sus fantasías o recuerdos. El escritor es egoísta por naturaleza. Como esposo el escritor es el peor esposo y como padre el peor padre. Yo me he hecho construir una cabaña en la azotea de mi casa y allí paso diez de las catorce horas que habito el mundo despierto y relativamente lúcido.
La vejez
Ya tengo 69 años y en términos convencionales se puede decir que voy entrando en la recta final. Solo que en estos tiempos en que otros a mi edad bajan la montaña de la vida rodando o arrastrándose, yo sigo subiendo a toda velocidad: a partir de los 63 años me dediqué a la natación, volví a estudiar violín, estoy en trance de publicar dos novelas este año y otra en el 2019. Y hoy en el 2018, sin falsa modestia alguna les puedo decir que soy campeón nacional máster de Aguas Abiertas en el mar de Cancún y he sido subcampeón nacional de los 50 metros libres.
La muerte
No le tengo miedo. O por lo menos creo que no le tengo miedo a la muerte. Me parece que la muerte debe ser la gran aventura o por lo menos la respuesta al gran enigma.
Depresión
Dos veces habité el infierno de la depresión y las dos veces salí de ella: una vez gracias a mi madre y otra gracias a mi esposa.
Las mujeres
He escrito muchos libros sobre las mujeres. Espero haber cumplido uno de los preceptos de Flaubert: haber escrito por lo menos una novela en la que haya un gran personaje femenino.
Dios
Me parece que Dios es el as bajo la manga de la vida. No hay que estarlo pregonando. En tiempo de felicidad Dios se oculta. En tiempos de desgracia aparece como el único recurso.
Felicidad
No hay mayor desventura que acordarse de los tiempos de felicidad en tiempos de desgracia, escribió Dante en La divina comedia. Mis libros recogen mis tiempos de miseria y los elevan a la calidad de momentos literarios de valor. Por lo menos eso espero.
 Exorcismo
 La literatura es el gran exorcismo: cuando la escribes y cuando la lees te salvas de las torturas de ser tú mismo y te salvas del mundo de miserias y canalladas.
Paraíso perdido
Parece que la literatura es el paraíso perdido. Ya casi nadie lee. Con la pérdida de ese territorio va derritiendo los territorios de la imaginación.
Fin del mundo
Aunque el mundo se esté acabando hay que seguir escribiendo y bailando. Porque como dicen: esto no se acaba sino hasta que se acaba. Y como todo puede y debe acabarse en cualquier momento pienso que ya es hora de terminar este discurso o diccionario de personales nimiedades y agradecer este premio que me hace sentir cada vez más mexicano aunque siga guardando en mi corazón y en mis documentos la nacionalidad colombiana. Gracias.

Marco Tulio Aguilera

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