Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero

Pequeña crónica del evento a cargo de MTAG: Silvia Figueroa, ex rectora de la Universidad Nicolaíta y Secretaria de Cultura del Estado de Michoacán, Geney Beltrán, director de Literatura del INBA y el representante del alcalde, me entregaron el Premio Nacional Bellas Artes de Novela José Rubén Romero en el Teatro Ocampo abarrotado de funcionarios, artistas y estudiantes. Pronuncié un conmovedor discurso no exento de algún barbarismo y de una ironía poco sutil contra el gobernador Silvanio Aureoles, que hizo esperar más de una hora a un teatro lleno de estudiantes, artistas, funcionarios para finalmente mandar un mensaje diciendo que no iba a asistir. Inicié mi discurso de aceptación agradeciendo al gobernador no haber asistido. Me atreví a tocar el violín ante el selecto y multitudinario auditorio de la comunidad cultural; interpreté (convencional y cursi que soy) el Himno a la alegría con el violín del esposo de Fedra, integrante del cuarteto de cuerdas que amenizó el evento. 
Pronuncié mi discurso COMPLETO gracias a que el gobernador hizo el favor de no apersonarse (me habían pedido brevedad -cuatro minutos- que porque porque la agenda del gober estaba muy cargada: hablé durante 40). 
El Teatro Ocampo, espectacular, lleno hasta las banderas. Ovación al final (de verdad, lo juro). Me sentí tranquilo e importante como nunca antes. Gracias, Morelia. Un dato: la doctora Silvia Figueroa nos invitó a almorzar en Los Naranjos (comida inigualable, al final pedí un chartreuse -nada más porque me sonaba bien el nombre de ese licor: y la verdad es que no me gustó: habría bastado con un elemental amaretto. 
A mitad del almuerzo pedí la palabra para entregar a Geney Beltrán, director de Literatura de Bellas Artes,  una medalla como agradecimiento por el interés que puso para lograr que se hiciera la coedición de la novela Formas de luz entre la Universidad Veracruzana y el Instituto Nacional de Bellas Artes. La medalla fue la que gané en los 400 metros libres en el Campeonato de Natación Ex Olímpicos del 68 en la Ciudad de México. Al final de la cena la lámpara de techo comenzó a moverse en un valsecito criolllo que nos puso el franca y ordenada huida.
Morelia, hermosísima, colonial, limpia, un placer caminar por sus calles, la gente amable. El Hotel Casino: comida deliciosa. Mi humilde ego creció pero regresará a sus dimensiones (ya de por sí un poco perjudicadas) en Xalapa.

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Marco Tulio Aguilera