Lo que dijo Mónica


Mónica Braun, editora de Nieve de Chamoy, presentó La honesta lujuria, mi novela reciente. Estas fueron sus palabras...

Conocí a Marco Tulio Aguilera Garramuño hace ya muchísimos años, cuando ambos colaborábamos con el suplemento “Sábado” de Unomasuno, dirigido por Huberto Bátis. Era un mundo aquel donde la gente todavía leía periódicos impresos, donde no había internet, ni smartphones, ni redes sociales; un mundo, ¡ay!, donde era progre escribir sobre sexo y donde nadie en el medio intelectual se escandalizaba por eso. Hablamos desde luego del siglo pasado, hablamos de 1990, más o menos.
El suplemento de Bátis era reflejo de la erotomanía de su director. Ahí, Marco Tulio y esta sevidora dábamos rienda suelta a nuestras plumas “cochinas”, y éramos cómplices y compañeros de páginas sin más diálogo que aquel (enorme) que sosteníamos a través de nuestras respectivas narraciones; porque la verdad es que no nos conocíamos en persona, ni falta que nos hacía para simpatizarnos desde entonces.
Luego llegó Facebook y Marco Tulio y yo nos reencontramos en la pantalla de la computadora y nos hicimos amigos. Luego, un buen día, me dijo con ese tono juguetón tan suyo: “Te reto a publicar aquí el cuento ese de Sábado que escribiste sobre una niña que le hace una felación a un viejo en una trastienda”.
No acepté el reto, desde luego, porque por mucho menos que eso me han querido linchar las feministas radicales, a mí, que siempre me he considerado feminista. Le dije que ni loca que estuviera, y él, desde luego, se rio.
Claro que se rio de mí, porque una de las grandes virtudes de este autor es precisamente su humor y su descaro: él sí no teme ser políticamente incorrecto, él no le teme a las mujeres, a ninguna, tampoco a las feministas radicales y a la virulencia de sus respuestas. Al contrario: él a todas las mujeres, bonitas o feas, gordas o flacas, liberadas u primidas las observa, no con lujuria de macho, sino con curiosidad de entomólogo, y se ríe de ellas no con desprecio o burla o mala leche, sino con alegría.
Así se rio de mí ese día en Facebook y así, con ese desparpajo y esa generosidad otro buen día me propuso publicar un travieso libro suyo sobre, claro, sexo y mujeres.
De este prolífico autor, un verdadero maestro de la prosa, yo hubiera editado lo que fuera, porque todo lo suyo es muy bueno. Pero fue para esta pequeña editorial el regalo de una novela que tiene todo lo que apreciamos nosotros en la literatura: un lenguaje magistral, una historia que a muchos les puede resultar incómoda y mucho sentido del humor. Era, y es, un libro perfecto para Nieve de Chamoy.
Pero bueno, ¿es entonces este un libro en el que Marco Tulio se ríe de las mujeres? Sí, un poco sí, pero es sobre todo un libro donde se ríe de la virilidad misma a través de ese personaje tragicómico que es Amado de los Santos Dionisio Luna, el artista incomprendido, el redentor de mujeres, el alma sensible que en la soledad de su casa dialoga con su pez Gervasio, el caballero redentor de doncellas, el Quijote del sexo.
Esta breve novela es, en efecto, un texto quijotesco, no solo por los vericuetos de su lenguaje y la delicia de su sintaxis, que homenajean a Cervantes, sino porque Amado es, más que un macho o un lujurioso, un hombre ingenuo que se cree redentor de doncellas, un caballero andante guiado por las causas más nobles. Aunque en realidad, más que liberarlas a ellas de sus cadenas eróticas, él mismo queda atado por los yugos del amor, víctima de sus mujeres. Y en esta analogía con el Caballero de la Triste Figura podemos ir más lejos y pensar que el sabio y humilde Sancho Panza es el pez Gervasio, que por sabio se queda siempre callado, mientras que Aldonza Lorenzo es la vecina gordita periodista, la amante malhumorada que siempre funge como plato (frío) de segunda mesa.
No me voy a detener aquí en las situaciones absurdas, pero al mismo tiempo verosímiles, que ocurren en el libro, tampoco en los personajes hilarantes que lo pueblan. Quiero, eso sí, leerles un pequeño fragmento que es ejemplo de esta pluma dueña de una sintaxis alucinante y un oficio que da envidia. Y dice así:
(Pág. 76)
En estos tiempos de corrección política, esta novela gozosa, lujuriosa y bella son un verdadero regalo. Porque la literatura siempre ha sido y debe seguir siendo fundamentalmente libre. Los invito a leerla y disfrutarla, y a nombre de Nieve de Chamoy y todo el equipo aquí presente, agradezco a Marco Tulio su confianza en nostros y el privilegio de tenerlo ya en nuestro catálogo.



Marco Tulio Aguilera

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